Agrotóxicos: deben internar a maestra fumigada por atrofia muscular

Estela Lemes
Estela Lemes

La directora de la escuela N° 66 “Bartolito Mitre” de Costa Uruguay Sur, Estela Lemes, fue fumigada en varias oportunidades y por las toxinas incorporadas a su organismo le provocó daños neuronales y fuertes dolores musculares.

La docente fumigada en reiteradas oportunidades, Estela Lemes, recordó que el primer episodio que denunció judicialmente fue en 2012, pero tuve que soportar otros hechos anteriores que los denunció en Medio Ambiente de la Municipalidad.

En febrero del 2015 volvieron a fumigar cerca de la misma escuela de Costa Uruguay Sur, “Bartolito Mitre”, pero en ese momento no había alumnos, solo estaban los docentes que se habían incorporados a sus lugares de trabajo luego del receso estival.

“En esa oportunidad hice la denuncia nuevamente y el caso fue público, desde entonces tengo problemas de salud y el mes que viene me tengo que internar por 15 días en el Cener (Centro de Neurología y Recuperación Psicofísica) de la ciudad de Galarza (Gualeguay), que implica tener que pedir una licencia e internarme para hacer una rehabilitación kinesiológica intensiva, con el fin de lograr una mejor calidad de vida”, explicó.

Lemes aún no puede saber cuáles serán las consecuencias a largo plazo para su salud, el tener toxinas en su organismos, producto de las fumigaciones.

“Siento muchos dolores en la parte muscular, sobre todo en la parte derecha, el dolor es más profundo que la izquierda. A veces pierdo el equilibrio y me caigo, luego de todos los estudios que me hicieron en el Cener se supo que lo que me sucedía era neuronal.

Me medicaron con un ácido para recomponer las paredes de las células neuronales y hace un mes y medio que estoy en tratamiento y ahora tengo que completarlo con esta rehabilitación muscular”.

Luego de obtener el resultado de los chequeos médicos integrales a que la maestra tuvo que someterse para detectar toxinas en su organismo, el estudio arrojó alto contenido de clorpirifós que es un insecticida organofosforado cristalino que mata a los insectos causando envenenamiento por colapso del sistema nervioso.

El clorpirifós es moderadamente tóxico y la exposición crónica se ha relacionado con efectos neurológicos, trastornos del desarrollo y trastornos autoinmunes.

“Si bien este año hicimos otro análisis y descubrimos que tengo glifosato, el problema muscular que tengo es derivado del clorpirifós que está en los insecticidas”, agregó la docente.

Lemes remarcó que por ahora está abocada a resolver los dolores musculares que le están causando sus problemas neuronales, pero una vez que supere esa etapa, tendrá que hacerse chequeos periódicos para detectar células cancerígenas en su organismo al tener un riesgo potencial de desarrollo de enfermedades oncológicas.

“Tengo que hacerme un chequeo para determinar si soy propensa a tener una enfermedad oncológica, porque la propia Organización Mundial de la Salud establece que el glifosato (herbicida) es una de las sustancias que provocan cáncer y eso me tiene muy preocupada”, agregó.

Tras el episodio que aconteció con un mosquito pulverizador en el mes de febrero del 2015, desde la Secretaría de la Producción solo vinieron “a constatar el lugar”, pero no se sabe cuál es el grado de contaminación del ambiente donde está asentada la escuela, provocado por los residuos tóxicos de las fumigaciones.

“Luego llegaron de la ART y elaboraron un informe en la que me advierten que no lo toman como enfermedades de riesgo de trabajo, que es lo que estoy tratando que lo consideren , esto hace que en el tratamiento que tengo que hacer los primeros días de abril, el IOSPER me cubre toda la prestación médica dentro del centro de rehabilitación, pero como el tratamiento es de día y luego tengo que quedarme en unas cabañas que tiene el centro, tengo que pagar de mi bolsillo una parte de la estadía durante dos semanas”, se lamentó.

“Lo ideal es estar un mes continuo de tratamiento kinesiológico pero el desarraigo es muy grande, tener que irme sola a Galarza y estar allí un mes, es por eso que decidí estar dos semanas y luego veré si hago quince días más en otro momento”.

Lemes se mostró preocupada porque en el episodio que le aconteció en 2012, había una maestra con ella “que nunca se hizo un chequeo” y había 14 alumnos que tampoco tuvieron estudios médicos.

“En Entre Ríos no se hacen análisis para detectar metales pesados en la sangre, sino que hay que ir al instituto Fares Taie en Mar del Plata, que requiere gastos de traslados y el análisis que tiene un costo de 350 pesos cada uno”, agregó.

En tanto la maestra aseguró que demandó a la dueña del campo y al aplicador por daños y perjuicios “ahora estamos en víspera de mediación con la propietaria del campo y el aplicador de ese momento que es un arrendatario domiciliado en Larroque”.

Manifestó que: “La demanda es económica porque yo voy a enfrentar muchos problemas de salud que me ocasionarán gastos enormes, por supuesto que lo primero que pido es que no se fumigue más cerca de la escuela y a la ART le estoy pidiendo que considere el episodio como un accidente de trabajo”.

Fuente: Diario El Argentino.

 

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