Catolicismo social y popular: ¿La Iglesia vs. Cambiemos?

Un artículo que analiza la relación de la política  y religión en la Argentina del neoliberalismo de la buena onda. ¿La Iglesia se opone a la modernidad capitalista o la reproduce? Se opone y la reproduce.

 

Por Sol Prieto, Socióloga.

La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una época carente de espíritu. Es el opio del pueblo” escribió Karl Marx en 1843. La segunda parte de la frase pasó a la historia y todavía se puede escuchar en los pasillos de las universidades o en las reuniones de algunas organizaciones políticas. La primera parte, en cambio, tuvo menos fama, probablemente porque la complejidad del mensaje es difícil de procesar aún en la actualidad. ¿La Iglesia se opone a la modernidad capitalista o la reproduce? Se opone y la reproduce.

En 1977, el sociólogo del catolicismo Émile Poulat publicó el libro Iglesia contra burguesía, que amplió el horizonte analítico de los estudios sobre catolicismo señalando justamente esta cuestión: no hay un solo catolicismo, por lo tanto no hay una sola Iglesia y, por lo tanto, eso que llamamos “la Iglesia” es el resultado de una serie de pujas entre los distintos catolicismos para definir los vínculos con la modernidad capitalista. En 1985, Fortunato Mallimaci publicó en la revista Sociedad y Religión una reseña sobre este trabajo en la que remarcó el carácter casi provocador de esas afirmaciones a la luz del caso argentino, donde el apoyo de la jerarquía eclesiástica a múltiples dictaduras militares capitalistas dejó tan al descubierto las alianzas entre Iglesia y burguesía que opacó las situaciones de resistencia o enfrentamiento. Sin embargo, éstas ocurrieron varias veces en la historia argentina, fundamentalmente ante la crisis del Estado liberal en la década de 1930, y luego como expresión postconciliar en la década del 70.

En la década del 90, la jerarquía de la Iglesia coincidió con las posiciones gubernamentales ante temas sensibles para el catolicismo como la educación, los derechos de las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos pero, a medida que las políticas liberalizadoras comenzaron a dejar secuelas, los obispos y sacerdotes alertaron sobre la situación de emergencia social, participando cada vez más visiblemente en la esfera pública.

Politización intensa

Con el gobierno de Cambiemos, el catolicismo volvió a emerger como un actor social y político relevante ante los nuevos consensos pro-mercado y sus consecuencias. Esta emergencia se puede observar en cinco dimensiones. La primera está vinculada al discurso del papa Francisco en contra de las economías financieras, la destrucción de los Estados de Bienestar y la restricción en términos de derechos y ciudadanía que ambos procesos traen aparejada. Este discurso permea con fuerza la prédica opositora en la Argentina actual en dos sentidos. Por un lado, porque citando al Papa los políticos aspiran a traccionar su legitimidad y su carisma, de cuño religioso, y convertirlos en legitimidad política. Por otro lado, porque en muchos casos el Papa funciona como un dirigente cuya línea e inventiva superan a las de los políticos; toman su discurso porque no cuentan con otro superador.

La segunda dimensión tiene que ver con el surgimiento de articulaciones sociales, como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), en las que el catolicismo influye en tres sentidos. En primer lugar, estas articulaciones cuentan con el apoyo del Papa y sus dirigentes (Emilio Pérsico, Juan Grabois) se muestran junto a él en fotos, lo citan en sus discursos, comunican mensajes que supuestamente les transmitió en reuniones, etc. En segundo lugar, cuentan con estrategias liminares de desarrollo territorial, en las que los espacios creados por las organizaciones que las integran (por ejemplo, los Misioneros de Francisco) son al mismo tiempo religiosos y de militancia política. En tercer lugar, porque se valen de expresiones propias de la religiosidad popular como las fiestas de San Cayetano o de la Virgen de Luján para expresar demandas populares más amplias.

La tercera dimensión tiene que ver con una politización intensa de algunos actores religiosos, como los Curas en la Opción Preferencial por los Pobres. Este grupo de sacerdotes se manifiestan contra el gobierno a través de distintos dispositivos. El principal son las llamadas “Cartas al pueblo de Dios” en las que denuncian el agravamiento de la situación social. En segundo lugar, mantienen reuniones públicas con dirigentes opositores de peso como Cristina Fernández de Kirchner, generalmente en barrios muy pobres. En tercer lugar, recientemente organizaron una huelga de hambre exigiendo que se levantara la incomunicación de la dirigente jujeña Milagro Sala, que se encuentra presa por motivos políticos. Esta posición difirió fuertemente de la de los obispos de Jujuy y Humahuaca, quienes ni bien se produjo el arresto de Sala tomaron distancia y aseguraron no apoyar a la organización Tupac Amaru, que ella dirige. Por último, son parte de distintas iniciativas de oposición social tales como la procesión del día de San Cayetano o, próximamente, la Marcha Federal.

La cuarta dimensión está vinculada a la trama de ayuda social de la Iglesia a través de los comedores, merenderos y hogares parroquiales, la mayoría sostenidos por Cáritas. Este tipo de espacios permanecen más allá de las coyunturas: se llenan en las épocas malas y pocas veces, cuando el ciclo mejora, se vacían. Sus posicionamientos frente a los gobiernos tienden a ser más prudentes porque reciben ayuda estatal, lo cual, a la vez, explica su permanencia.

Por último, la Conferencia Episcopal, a través de diferentes órganos y voceros, también denunció cuestiones vinculadas a las políticas recesivas del gobierno tales como lo que los obispos llaman “la fragilidad laboral”, la pobreza y el agravamiento de la inflación y sus consecuencias sobre los sectores populares. La Pastoral Social, de la cual es titular nacional el obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano, cumple el rol más importante de la jerarquía eclesiástica en este sentido.

En suma, dada la heterogeneidad ideológica y jerárquica de rechazos a las nuevas políticas económicas presente en la Iglesia argentina, es posible imaginar una etapa en la que el catolicismo tendrá una mayor inserción social y una prédica antiliberal que hará hincapié en la inclusión de los pobres y la dignidad de la vida humana por sobre la riqueza y la productividad, dos valores muy presentes en el discurso de Cambiemos.

Fuente: Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.

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