Cinco bombas para el estallido final

Un estudioso del 2001 analiza el tránsito de Macri por una cornisa en la que le costará sostenerse.

Por Julián Zícari. Economista y doctor en Ciencias Sociales. Autor del libro: “Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001”.

Se hace cada vez más evidente que el gobierno de Macri camina por la cornisa. La situación económica viene en picada, los niveles de rechazo en las encuestas aumentan todos los meses y la sensación de fracaso económico se ha vuelto prácticamente total en la población. Encima de todo, el futuro vislumbra ser una pesadilla y ya no hay promesas buena onda para hacer: se insiste en que el ajuste es inevitable, que aumentará la pobreza durante los próximos semestres y que el frío recesivo es la única forma de atacar la inflación. De vivir mejor o de que se cumpla la famosa revolución de la alegría mejor ni hablar. En este escenario de precariedad económica, social y política, existen cinco bombas que terminarían de hacer explotar la frágil situación del gobierno. Analicemos cuáles son.

Bomba 1: El FMI. Hasta ahora el Fondo parece ser la última carta para la supervivencia del macrismo. Si el Fondo decidiera no ayudar más al gobierno, este tendría que declararse en default y admitir que el mundo (es decir, las potencias centrales, en especial Estados Unidos) dejaron de respaldar a su gobierno. Por ello lo que pueda hacer el FMI con el gobierno no es menor, existiendo dos formas latentes de que el vínculo se dinamite. Por un lado, el acuerdo anunciado el 26 de septiembre podría no ser aprobado por el directorio del organismo, ya que los gobiernos nada menos que de Alemania, Francia y Holanda se mostraron disconformes con el mismo. Es decir, si bien se logró un acuerdo con el staff técnico del Fondo, esto todavía no rige hasta no tener la ratificación política de las grandes potencias, que sólo podría obtenerse a fin de octubre. Pero por otro lado, aún logrando dicha ratificación, si la situación interna se deteriora mucho el Fondo podría interrumpir la entrega de los desembolsos acordados y dejar caer al gobierno, tal como sucedió con De la Rúa en diciembre de 2001.

Bomba 2: El Presupuesto. Un pilar básico para que el macrismo no explote es lograr que el Parlamento le apruebe el presupuesto para el año 2019, el cual contiene salvajes recortes para cumplir con el déficit cero. El problema con esto es que una gran parte de los recortes recaen sobre las transferencias a las provincias y donde son justamente los gobernadores los que deben aportar los votos, sin querer estos ceder ya más recursos. A su vez, es más que evidente que los números proyectados son un dibujo imposible de creer. De allí que para el macrismo sea todo un desafío lograr que se lo aprueben y mostrar que tiene un aval político del que, como es cada vez más evidente, en realidad carece. De fracasar en la aprobación, acabaría por exponer frente a los mercados y en especial frente al FMI que su situación política es terminal: no podría cumplir los compromisos asumidos con el Fondo, perdería así su apoyo y quedaría preso de corridas cambiarias letales.

Bomba 3: La situación social. Otro de los puntos más sensibles e impredecibles es si la población se mantendrá pasiva y sumisa frente al galopante deterioro socioeconómico o reaccionará de manera fulminante como en 2001. El clima social ya es áspero y la tensión viene en aumento: crecen el desempleo, la pobreza y el hambre, mientras que la inflación no da tregua a los salarios, a la par que el consumo se desmorona sin piedad. Se da entonces una dinámica que amenaza con crecer exponencialmente en lo próximo. Con esta situación las protestas, movilizaciones, paros, piquetes y cacerolazos no se harán esperar, donde tampoco se descartan puebladas, estallidos sociales y saqueos. La represión y la violencia son las herramientas que el macrismo parece estar preparando para responder a esto. La pregunta es cuánto tiempo podrá gobernar y mantenerse sólo con la vía represiva que inevitablemente habrá de llegar como carta final.

Bomba 4: Desarme financiero malogrado. A la precaria situación financiera existente el gobierno respondió de la peor manera posible: decidió pagar sus deudas con más deudas, utilizando títulos de corto plazo y encima muchos de ellos en dólares. De esta manera, para lograr el objetivo de desarmar la peligrosa bomba financiera de las LEBACs, está aplicando un festival de bonos con LETES, LECAPs y LELIQs que implican apagar el fuego con nafta: las tasas escalaron a niveles insostenibles y las deudas del gobierno no se han saldado, sino pospuesto unos meses. Antes que resolver el problema financiero, los nuevos instrumentos lo han agravado: en cualquier momento los tenedores de bonos y letras podrían optar por no renovar y pasarse a dólares, desatando una presión sobre el tipo de cambio que arrastrara al gobierno al peor de los abismos.

Bomba 5: Incertidumbre electoral. De sobrevivir a las bombas anteriores y entrar a 2019, el macrismo se enfrentará quizás al desafío más duro e impredecible: cómo evitar las típicas corridas cambiarias pre-electorales. Desde el fin de la dictadura en 1983 los mercados han respondido a cada elección presidencial con corridas gigantes, incluso en años en los cuales el resultado estaba cantado. Como el macrismo ha sacado todos los controles cambiarios es más vulnerable a esto que nunca, sumado al hecho de que viene sufriendo un duro retroceso económico y social y acumulando vencimientos de deuda explosivos para el corto plazo, todo ello sin que la figura de Cristina Kirchner desaparezca como opción electoral real.

Así, en 2019 puede ocurrir algo similar a lo que pasó en 1989: el terror de los mercados a que el peronismo pueda volver al gobierno desatará una presión sobre el dólar imparable. No habrá entonces apretón monetario, tasa de interés o ayuda del Fondo que pueda calmar dicho pánico. Todavía más cuando ya muchos descuentan que el default o una reestructuración de deuda serán inevitables, puesto que el país no está en condiciones de seguir pagando su deuda sin la ayuda del FMI. En una palabra, en 2019 hay riesgo de un salto cambiario astronómico que haga estallar finalmente la economía. Nadie puede negarlo, sino que incluso se presenta como una certeza incuestionable para los analistas.

En síntesis, el macrismo tiene desafíos arduos o casi imposibles de superar hacia delante. La pregunta en todo caso no parece ser entonces cuál de estas bombas explotará, sino más bien en qué orden lo harán. Puesto que parece fácil pensar que, tal como afirmó el Financial Times la semana pasada, el gobierno y la economía en cualquier momento terminarán “de volar por los aires junto a su presidente”.

Fuente: elcohetealaluna.com

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