“No soy de derecha”: Histórica apertura del Papa Francisco sobre aborto, divorcio y gays

Si la Iglesia se obsesiona con esos temas puede “caer como un castillo de naipes”, dijo. Conectate Paraná te entrega la nota completa.

Más de seis horas de conversación en tres días durante el mes de agosto en la residencia de Santa Marta. Así nació la primera entrevista concedida a un medio escrito por el Papa Francisco, después de la rueda de prensa que concedió el pasado mes de julio en el avión de regreso de la JMJ de Brasil.

Para ello, el jesuita italiano, Antonio Spadaro, directo de la revista católica de referencia, “La Civiltà Cattólica” se reunió con el papa en nombre de las 16 publicaciones de cultura de la Compañía de Jesús.

De esta manera el Papa muestra su perfil más personal. “Yo soy un pecador”, sentencia el Papa ante una sencilla cuestión: “¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?”. Es el punto de partida para luego matizar que “quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo”.

Para definirse echa mano de la vocación de San Mateo según el pincel de Caravaggio, para explicar que “ese dedo de Jesús, apuntando así… A Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo”.

La curia romana, no gestora

“¿Qué piensa de los dicasterios romanos?”, pregunta abiertamente el director de “La Civiltà Cattólica”. Francisco asegura que “corren peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”.

Pastores, no funcionarios

Spadaro le pregunta por la Iglesia con la que sueña Francisco y el Obispo de Roma responde con un símil. “La veo como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental”. Además, subraya que sueña “con una Iglesia Madre y Pastora”. De ahí, que antes de las reformas “organizativas y estructurales”, “la primera reforma debe ser la de las actitudes”. Por eso, destaca que “el Pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios “clérigos de despacho””.

Atención a los homosexuales

Sobre la mesa de la entrevista, surge, al igual que en vuelo de Río a Roma, el desafío de la Ilgesia ante la homosexualidad. “En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo”, subraya Francisco, que a renglón seguido detalla que “La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”. El Santo Padre recuerda además como “una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?'”. A modo de conclusión sobre este asunto, el Papa argentino dice que “hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.

Divorciados vueltos a casar

Cuando el entrevistador plantea a Francisco el asunto de los divorciados vueltos a casar, el Santo Padre deja la pregunta abierta, remitiéndose a que “el confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos”. Así, se remite a un caso concreto: “Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?”. Así, explica que “se evalúa caso a caso, que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia”.

En esta misma línea, Francisco opina que “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

No al “machismo con faldas”

“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia”, explica ante la cuestión sobre cómo las mujeres pueden ganar más visibilidad en la comunidad eclesial. “María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad”, relata el Papa que insiste en “trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer” así como “reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Dios no es Eureka empírico

Buscar a Dios en todas las cosas. Una expresión sencilla de decir pero con una gran dificultad de comprensión. Con esta cuestión planteada, Francisco defiende que “Encontrar a Dios en todas las cosas no es un eureka empírico”. Es más, asegura que “si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien”. De hecho arremete contra aquel “cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada”.

La vigencia del Concilio Vaticano II

El Papa reivindica la vigencia del Concilio Vaticano II, y asegura que “los frutos son enormes”. Así, explica que “hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible”. Más adelante, asegura que “es equivocada una visión monolítica y sin matices de la doctrina de la Iglesia”.

Vocación jesuita

En este acercamiento a su figura, la entrevista también ahonda en su vocación como jesuita. “De la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato”, se sincera para hacer hincapié en una de la claves de la espiritualidad ignaciana: el discernimiento. “Mis decisiones, incluso las que tienen que ver con la vida normal, como el usar un coche modesto, van ligadas a un discernimiento espiritual que responde a exigencias que nacen de las cosas, de la gente, de la lectura de los signos de los tiempos. El discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar”. Así reconoce que desconfía “de las decisiones tomadas improvisadamente”.

Consultas reales

Francisco también echa la vista atrás y repasa su experiencia de Gobierno al frente de los jesuitas argentinos con autocrítica. “Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda -religiosa italiana que falleció con 13 años-, pero jamás he sido de derechas”. Precisamente estos errores, admite el Santo Padre, son los que le han llevado a primar el espacio “para la discusión”. “Consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa. Lo que hace falta es darles una forma menos rígida. Deseo consultas reales, no formales”

Santos de “clase media”

“Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su santidad cotidiana. Existe una “clase media de la santidad” de la que todos podemos formar parte, aquella de la que habla Malègue”, explica el Santo Padre al ser preguntado por el término “sentir con la Iglesia” de la que habla San Ignacio en los Ejercicios Espirituales. “Esta Iglesia con la que debemos sentir es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas”. Este es el punto de partida para reiterar, como ha hecho en otras ocasiones que, “cuando percibo comportamientos negativos en ministros de la Iglesia o en consagrados o consagradas, lo primero que se me ocurre es: un solterón, una solterona. No son ni padres ni madres”.

De Dostoyevski a Hölderin

El encuentro deja al descubierto al Bergoglio más personal. Y es que el Papa Francisco, además de reflexionar sobre los desafíos de la Iglesia, expresa abiertamente cuales son sus inquietudes personales en el ámbito culturales. Entre sus autores de cabecera se encuentran, Dostoyevski y Hölderlin. “En pintura admiro a Caravaggio: sus lienzos me hablan. Pero también Chagall con su Crucifixión blanca…”, subraya, mientras que música se entrega a Mozart, a Beethoven “prometéicamente” y a Bach. En el cine, se mueve entre “La Strada” de Fellini, además de Anna Magnani y Aldo Fabrizi.

Fuente: Diario La Razón de España.

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