La década perdida: el PBI retrocedió a niveles similares a los que tenía en 2011

Por el crecimiento demográfico, el producto per cápita cayó un 4,6% en siete años. Cálculos preliminares señalan que en 2018 la economía se achicó casi U$S 100 mil millones.

Por Marcelo Colombres.

El PBI terminará el año en los mismos niveles que en 2011. Si se considera el crecimiento de población ocurrido desde entonces, el producto bruto per cápita caerá un 4,6% con relación a aquel año.

Los números surgen de un estudio en base a datos del Indec y proyecciones oficiales para este año. De ellos se desprende que el país desaprovechó la oportunidad de crecer y que se generan los mismos recursos que hace siete años para abastecer a una población que desde entonces creció en más de tres millones de personas.

La comparación remite la situación actual, en términos cuantitativos, a la que había en 2011, segundo año consecutivo de fuerte crecimiento de la economía local después de la crisis internacional de 2009. Desde entonces se sucedieron caídas en todos los años pares: en 2012, con la imposición del cepo cambiario, fue del 1%; en 2014 (devaluación mediante), del 2,5%; y en 2016, tras la asunción del macrismo y una nueva devaluación, del 1,8 por ciento.

La situación fue parcialmente compensada por las subas de los años impares, en los que los gobiernos apelaron a estimular el consumo y la obra pública para obtener buenos resultados en las respectivas rondas electorales. Así hubo alzas del 2,4% en 2013, del 2,7% en 2015 y del 2,9% el año pasado. Como la evolución del producto bruto se calcula con relación al año anterior, las subas se dieron sobre una base erosionada por las caídas precedentes.

Números en picada

Si bien el Indec recién en marzo terminará de procesar lo que ocurra este año (el último dato oficial corresponde al segundo trimestre), se pueden realizar algunos supuestos. Si se considera válida la caída del 2,4% admitida por el gobierno en el proyecto de Presupuesto que elevó al Congreso y se lo resta de la medición oficial del año pasado, el valor del PBI será de $ 711 mil millones, a pesos constantes de 2004. Ese método valoriza todos los bienes y servicios producidos en el país a precios de aquel año, para evitar distorsiones por la inflación y los cambio de precios relativos. El valor es casi igual a los $ 710 mil millones de 2011.

En cambio, con el criterio de la valuación corriente, si los precios de los bienes y servicios subieran a la par de la inflación (44% anual) y sus cantidades cayeran un 2,4% como dice el gobierno, el PBI nominal sería de $ 14,834 billones. Medido en moneda extranjera, a $ 27,32 por dólar (promedio anual del tipo mayorista, suponiendo que en lo que queda del año la divisa convergiera al límite inferior de la banda que fijó el Banco Central), la producción anual de la economía argentina estaría valuada en U$S 543 mil millones. Como referencia, el PBI de 2017 calculado con el mismo método fue de U$S 637 mil millones. Esto significa que el derrumbe del peso y las medidas de ajuste que tomó el gobierno redujeron la economía en casi U$S 100 mil millones.

A esa torta más chica para repartir se suma que los comensales son cada vez más, por un crecimiento demográfico estimado en un 1% anual. Si la población actual del país es de 44,5 millones de personas, como dice el Indec, el PBI per cápita bajaría a U$S 12.204, un 4,6% menos que en 2011.

Costumbres argentinas

Más que un fenómeno de esta década, los “serruchos” en el sendero de crecimiento argentino son habituales. Un estudio presentado por Carlos Melconian cuando era presidente del Banco Nación demostró que en el período 1960-2016 el PBI subió 37 veces y bajó 20. En ese período la economía argentina se multiplicó por cuatro, mientras que la de España lo hizo por seis y las de otros países americanos (México, Brasil, Chile), por nueve.

Esa cuestión siempre desveló al presidente Mauricio Macri, quien reiteradas veces proclamó su objetivo de lograr “20 años de crecimiento continuo para terminar con la pobreza”. Por lo visto, tampoco él logró zafar de la maldición de los años pares.

Fuente: Tiempo Argentino.

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