Por 129 a 125, ya nunca nada será igual

La Cámara de Diputados abolió el aborto clandestino. Nota sobre la jornada histórica.

Por Agustina Frontera.

En un clima emotivo sin precedentes la Cámara de Diputados aprobó la derogación del aborto clandestino, por 129 a 125 votos, a las 10 de la mañana, lo cual produjo un estallido de júbilo en las inmediaciones del Congreso donde una multitud integrada en forma mayoritaria por mujeres menores de 30 años sostuvo una vigilia desde el mediodía del miércoles 13. El dramático cálculo de los votos recién se quebró en favor del proyecto elaborado por la Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito a las 8.10, cuando los tres diputados de La Pampa anunciaron que su voto que se presumía negativo sería afirmativo.

Cuando el sol del 14 de junio empezó a entibiar la mañana, la Cámara de Diputados votó el proyecto de abolición del aborto clandestino y otorgó la media sanción a la Ley de Interrupción Legal del Embarazo en una de las definiciones más reñidas que se recuerden, que evocan la de la Resolución 125 en el Senado en 2008. Con una cruz sobre su estrado, el presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó rezaba para no verse obligado a repetir el voto no positivo del ex vicepresidente Julio Cobos en aquella ocasión.  Su expresión fue cambiando con el paso de las horas.

La imponente movilización en las calles permite aseverar que ya nunca nada será igual. La atinada decisión de separar con vallas a los dos bandos enfrentados, para que la animosidad recíproca no llegue a las vías de hecho, permitió computar con nitidez que sólo unos pocos miles de estandartes celestes (en el mejor momento de la jornada) se oponían a los centenares de miles, o acaso hasta un millón, de quienes formaron una imponente marea verde. Además del número impresionó su composición: una amplia mayoría de mujeres jóvenes, de entre 13 y 40 años, que ratifica la emergencia del movimiento feminista como un actor social de enorme potencia, que tomó las calles en un clima de combate y al mismo tiempo festivo, del que es difícil imaginar marcha atrás. También el tenor de las exposiciones en el recinto fue muy diferente, con pasión y verdad de un lado, sofismas y golpes bajos del otro. Las calles son una fiesta.

13 años de Campaña Nacional por el Aborto, 108 horas de exposiciones, 724 expositores en plenario de Comisiones, más de 20 horas de discusión en el recinto de la Cámara de Diputados son los números que intentan dar cuenta de un hecho político inédito, trastocador de todas las estructuras: la legalización del aborto se vota por primera vez en el Congreso Nacional y el resultado es favorable.

Cerca del mediodía del día 13 una marcha angosta de casi 200 metros, compuesta exclusivamente por adolescentes, cruzó el centro porteño. “Somos del Nacional, pasamos a buscar al Pelle y vamos al Congreso”, dijo uno de ellxs con los párpados esfumados de verde. Las chicas iban primero, más de una cuadra, y atrás, atrás, los pibes. “Hay que saltar, hay que saltar, le que no salta es patriarcal”, gritaban. En el Congreso Nacional, del lado verde, ya había una decena de carpas (“gazebos” les dicen) con información, servicios o sólo calor para quienes pasan por ahí. Mientras se colgaban las banderas sobre las paredes de cualquier edificio, en el recinto comenzaba la reñida sesión.

“Hoy es un día histórico en nuestro país”, anunció al comienzo de la sesión el Diputado del PRO que fue MC (maestro de ceremonia) durante los dos meses de plenario de comisiones. Daniel Lipovetzky agregó lo que ya se sabía, su voto por el dictamen de mayoría: “La legalización del aborto es una cuestión de salud pública. Y no soy yo quien lo dice; lo dijeron tres ministros de Salud de distintos gobiernos a lo largo del debate”.

Las intervenciones iniciales, hasta las primeras horas de la tarde, transmitieron un optimismo medido. De las primeras 20, 12 fueron a favor y 8 en contra. Los cálculos, el poroteo, arrojaron una diferencia mínima que oscilaba a un lado y al otro de la línea del aborto legal o clandestino. Horas más tarde, hacia la medianoche, el panorama seguía parejo, pero de aquellos 20 indecisos ahora apenas quedaban 3 ó 4, que esperaron a último minuto para comunicar su posición. “Están esperando el momento de los aplausos para saber por quién votará cada indeciso. Ya fue: hagamos votación por aplausómetro”, comentó una productora que se encontraba trabajando en el recinto y que venía cubriendo desde el inicio del proceso parlamentario.

Las intervenciones de las radicales y los radicales, como la de Silvia Martínez (UCR), hicieron imaginar un retorno del Partido centenario a sus albores reformistas: “Ha quedado claro que la penalización del aborto ha fracasado en nuestro país”, expresó Martínez. O la diputada cordobesa Brenda Austin, para quien “no es lo mismo el silencio y la clandestinidad, que la contención y la comprensión que plantea esa ley”.

A pesar de la transversalidad en el apoyo al proyecto de legalización y despenalización, presentado tanto desde el espacio oficialista, como el radicalismo, el kirchnerismo, el Frente Renovador, la izquierda, no faltaron las clásicas chicanas, por ejemplo la del Diputado del PRO Nicolás Massot a lxs kirchneristas Mayra Mendoza y Juan Cabandié, a quienes les reclamó que en 12 años en el gobierno no hayan dado la famosa “luz verde” para que se debata el aborto en el Congreso.

Mientras todo esto ocurría, el Presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, acomodaba una virgencita de metal junto a la campana con la que suele ordenar las sesiones. De darse un empate, el abogado oriundo de Carlos Tejedor habría debido desempatar. Según trascendió, la decisión le pesaba emocionalmente y no quería tener que hacerlo. Algunos leyeron en esta presencia de símbolos religiosos en su estrado una señal encubierta de cuál sería su voto.

Las intervenciones, de creciente dureza, fueron trenzándose, una verde, una celeste, pero azarosamente con una clara mayoría a favor de la Ley. Walberto Allende, diputado sanjuanino, acusó al ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, de haber dado datos falsos sobre mortalidad materna en abortos clandestinos: “No se puede debatir una ley con datos inflados con fines ideológicos. Según datos estadísticos mueren más mujeres por accidentes de tránsito”, dijo.

“El movimiento de mujeres va a lograr que tarde o temprano esto sea legal en la Argentina. De lo que se trata hoy es de que lo hagamos cuanto antes para que no haya más muertes”, expresó Daniel Filmus y si hubiera aplausómetro habría sido una gran marca. Enseguida intervinieron lxs diputadxs: Mónica Macha, María Carolina Moisés, Cecilia Moreau y Carla Pitiot, que reconoció que es una “retrógrada de 45 años”, que “el aborto no disminuye las muertes en la Argentina”, y que “no digamos que es un problema de salud pública o de las mujeres pobres (…) el pobre no descarta porque al pobre no le sobra nada”.

Las diputadas Victoria Donda y Araceli Ferreyra, a su turno, mencionaron que el rechazo de la legalización del aborto escondía una concepción del útero como “incubadora” y Donda, recuperando las historias de las mujeres que llevaron adelante embarazos dentro de cárceles o Centros Clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar, que “no defienden las dos vidas, penalizan a las mujeres que ejercen la libertad”.

Afuera, hacia el sur celeste, una decena de activistas antiderecho hacían una ronda ritual para encarar un rezo colectivo. Los pañuelos color cielo, que en las provincias más conservadoras le ganan por mucho en visibilidad callejera a los verdes, compartían escena junto con las banderas nacionales, un símbolo que del otro lado de la plaza no aparecía sino en las publicidades en la vía pública que anunciaban que el Mundial de fútbol se puede ver por cable.

Promediando la tarde, José Luis Ramón, el diputado mendocino “panqueque”, quien había manifestado su apoyo a la legalización y luego declaró públicamente que firmaría por el rechazo, reconoció que “en promesa de campaña dije que estaba a favor de la vida y la voy a mantener”, luego de sostener una extraña definición: que las mujeres que requieren un aborto lo hacen luego de “tener un disgusto en su sexualidad”.

La intervención de Romina del Pla, una de las primeras firmas del proyecto de la Campaña, se destaca por su vehemencia; también Luis Contigiani, el socialista de Santa Fe que debió abandonar su bloque por estar en contra del derecho al aborto.

Ya de noche, comenzada la vigilia, el diputado santacruceño Máximo Kirchner confirma su posición a favor de la legalización y cerró su intervención con una frase histórica: “Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, paráfrasis del discurso que pronunció el ex presidente Néstor Kirchner ante la Asamblea Legislativa el 25 de mayo de 2003.

Afuera del Congreso, la foto aérea no reflejaba el interior. De lado verde, el ala norte de la Plaza de los Dos Congresos, se mostraba estridente, colmada; en el ala sur, un puñado de personas se hacían ecografías en un show conducido por la mediática Viviana Canosa y tiraban fuegos artificiales (verdes en algunos casos). Adentro, la diputada santafecina Lucila Del Ponti apuntaba que “fueron las mujeres las que trajeron este tema a este recinto. Las mujeres con este pañuelo verde y sus hijas. Nosotros hoy estamos de paso. La historia la están haciendo las pibas ahí afuera en la calle”.

Sobre Rivadavia una hilera de bolsas de dormir arropaba a decenas de chicas y chicos, quienes en alianza con los feminismos lograron un recorte de alianzas inédito en las fuerzas políticas mayoritarias del país. Cuando en la calle comenzó a cantar Jimena Barón, la diputada cordobesa Alejandra Vigo dio un giro: anunció que se abstendría de votar, cuando su voto ya había sido contabilizado por el “poroteo” como un voto en contra de la legalización del aborto. Con esta abstención, comenzando el día 14, el murmullo comenzó a arrojar un resultado —por dos votos de diferencia— a favor de la sanción de la ley.

Pasada una hora de la medianoche, el presidente de la Cámara hizo un intento infructuoso de bajar el número de expositores: “Quedan más de 100”, dijo y miró por arriba de sus anteojos. Nadie se bajó. Cerca de las 3 de la mañana, la diputada Elisa Carrió hizo un ingreso lento al recinto; en varias ocasiones refirió que intentaría solicitar la nulidad de la sesión si fuera necesario. Ante las preguntas de la prensa, sólo atinó a hacer chistes respecto a la repentina actuación de las actrices organizadas y a aclarar su —cómo no— rechazo a la abolición del aborto clandestino. Afuera, en el escenario de la Campaña, estaban por empezar a tocar Las Taradas.

Facundo Garretón, Diputado tucumano por el PRO, estaba despeinado, con los gestos de quien hace días no logra tranquilidad de conciencia. Era uno de los indecisos indescifrables. Arrancó con lucidez, dijo que despenalizar el aborto era un tema de salud público. Ilusionó. “Hice una consulta popular”, aclaró y remató: como representa a Tucumán y aquella es una provincia mayoritariamente antiabortista, despejó dudas y anunció un voto en contra del proyecto de legalización del aborto.

El avance de la madrugada fue develando cada vez de forma más contrastada el desajuste entre el clamor mayoritario en las calles, en las instituciones, en las organizaciones sociales, la esfera de la cultura, de la ciencia, un desfasaje entre lo que las mayorías están dispuestas a vivir y a no seguir permitiendo y aquello que lxs diputadxs legislan. Un súbito interés por la educación sexual, por la prevención de embarazos no deseados, por la erradicación de las violencias hacia las mujeres y las desigualdades económicas que recaen sobre las mujeres e identidades feminizadas se topó con una realidad, que efectivamente el presupuesto destinado a tales fines ha disminuido al tiempo en que se profundizaba el plan de ajuste neoliberal. En este contexto, cuando hay menos, no más, recursos para estas estrategias, apelar a ellas como solución mágica parece una hipocresía, una excusa para no votar la abolición de la clandestinidad de los abortos.

Afuera había una fiesta aunque las noticias que llegaban desde el Congreso no eran alentadoras. “No puede ser que nos tengan sufriendo 2 varones, 2 varones indecisos se están jugando nuestra relación con nuestros cuerpos, así es el patriarcado”, dijo una de las chicas que pasó la noche envuelta en frazadas sobre el asfalto, una de esas chicas a la que se refirieron tantas veces en estos días cuando mencionaron “la revolución de las hijas”.

José Luis Riccardo, Diputado de la UCR por San Luis, tuvo un momento de gloria cuando rompió con los cálculos verdes y celestes. Riccardo era uno de los diputados que mantuvieron la indecisión hasta último momento cuando se manifestó a favor de la ley en discusión: “Es un consenso general. La democracia tiene que funcionar y la única forma de hacerlo es el debate. Tengo diferencias con el dictamen pero no podemos cerrar la puerta. Lo perfecto es enemigo de lo posible”. Un estallido de aplausos resonó adentro y afuera del edificio histórico.

Sobre las 8 y media de la mañana Ariel Rauschenberger, uno de los diputados peronistas por la Provincia de La Pampa, que se contabilizaba como en contra, a través de un tuit de Sergio Ziliotto pasó a formar parte de la lista de votos a favor. Su voto revertiría el resultado.

Cientos de personas esperaron a las 10 de la mañana cuando finalmente tuvo lugar la votación. Cada una de las intervenciones se acompañó con la emoción de la gesta histórica. La oscuridad  finalmente deja lugar a la luz y los rastros de la jornada brillan esparcidos sobre el suelo. Todo es abrazos: ya nada volverá a ser igual.

Fuente: El cohete a la Luna.

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