¿Por qué no es bueno el exceso de higiene en niños?

Una de las teorías sobre el aumento de las alergias en niños es el exceso de higiene. ¿Cómo puede ser así?


Todos sabemos que en nuestro cuerpo hay partes que cuanto más las usamos más se desarrollan, como los músculos. Y que cuando no se usan, pierden tamaño y fuerza.

Pero hay otras partes de nuestro organismo que no pueden permitirse ese lujo. Nuestro sistema defensivo es una de ellas. Si se atrofiase por no trabajar, tras un periodo prolongado sin infecciones podríamos morir por un simple resfriado.

Cuando nuestro sistema defensivo no tiene trabajo, se lo busca. Es decir, si vive en un ambiente en el que no hay gérmenes que lo desafíen lo suficiente, empieza a buscar otros estímulos frente a los que reaccionar. Y es entonces cuando aparecen las alergias. Esto es una teoría, es lo que llamamos “Teoría Higienista de las Alergias”.

Se basa en que la aparición de alergias ha ido aumentando en los países en los que las medidas de higiene están más desarrolladas. Y en que en estos países son más frecuentes conforme subimos en escala de higiene de la población.

Esta teoría nos dice que un poco de “roña” es buena en la vida de los niños.

Es necesario para mantener la actividad mínima del sistema defensivo para que siga en forma y centrado en lo que debe hacerlo: luchar contra los gérmenes.

Pero hay otras razones para no obsesionarse con la limpieza

  1. Los niños son niños. Necesitan explorar. Son inquietos por naturaleza. Parte de la infancia consiste en ser inconsciente de ciertas cosas. Y una de ellas es si esto está limpio (hasta la esterilización) o no. Pretender que el ambiente en el que los niños se desarrollan reuna las condiciones de esterilidad de un quirófano es un esfuerzo absurdo. Reduce demasiado las posibilidades de lo que el niño puede o no hacer y supone un esfuerzo a los padres innecesario. Pero ante todo les resta tiempo a esos padres para una labor mucho más importante, jugar con sus hijos y disfrutar de ellos.
  2. Genera además un volumen importante de mensajes tipo “no toques eso”, “no te metas eso en la boca”, “deja que te limpie las manos con la toallita”, “eso no, que está sucio”… Lo que hace que la relación con el niño sea innecesariamente crispada y saturada de mensajes. Una de las características del lenguaje es que tiene una capacidad de atención limitada. Si constantemente bombardeamos al niño con mensajes de este tipo, llega un momento en que su atención por lo que decimos se reduce a la nada.

¿Qué es entonces lo razonable?

  • Esterilización de objetos para comer: Es absurdo por encima de los 3-4 meses. Basta con lavarlos como el resto de nuestros utensilios de cocina.
  • Mantener una limpieza razonable en la casa: No es recomendable como decía pretender que el sitio de juego del niño sea más estéril que un quirófano.
  • Lavarse las manos antes de comer o tras ir al baño: Entre otras cosas, lavar las manos 20 veces al día le destroza la piel a cualquiera.
  • Baño: Un baño diario no hace daño a nadie, pero cuando un niño no ha tenido actividades especialmente sucias o intensas en ejercicio físico no pasa nada si se lo salta uno o dos días. Y usad siempre poca cantidad de jabón y lo menos agresivo posible.
  • Cremas hidratantes: Sólo son necesarias cuando la piel no está bien. Si una piel está bien es porque las secreciones que produce son las adecuadas para cuidarse por si misma. Si tenemos esa suerte, lo mejor es no interferir.
  • Lavado de dientes: Mientras tiene los dientes de leche es el periodo en el que formamos al niño para que se conciencie de la higiene dental. En esta etapa suele ser suficiente con que se cepillen los dientes antes de acostarse (y evitar productos azucarados que favorezcan las caries). Cuando salen ya los definitivos sí es recomendable el cepillado de dientes tras las comidas principales (tras la cena sigue siendo la más importante).

Fuente: Mi Pediatra On Line.

Artículo escrito por: Jesús Garrido García.

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