Resistir vale la pena

Noam Chomsky habla de las redes sociales y la manipulación imperialista de las conciencias.

Por Noam Chomsky

The Intercept es una publicación electrónica creada por Glenn Greenwald, Laura Poitras y Jeremy Scahill para difundir los documentos de la Inteligencia estadounidense publicados por Edward Snowden, y “producir un periodismo valiente, de confrontación a través de una amplia gama de temas: abusos, corrupción financiera o política, violación de las libertades civiles”. En su última edición de septiembre publicó una extensa entrevista con Noam Chomsky realizada por Jeremy Scahill. Lo que sigue es el tramo referido a las redes sociales y su impacto.

JS: Este año se cumplen 30 años desde que usted y Ed Herman publicaron “La fabricación del consenso: la economía política de los medios masivos de comunicación”. Me gustaría conocer su opinión sobre el papel que desempeñan las grandes compañías de redes sociales en nuestra sociedad como Google, Facebook, Twitter, etc., que están reemplazando a muchas organizaciones de noticias o la forma en que la gente consume información. Se habla mucho sobre esto, hay audiencias en Congreso y pedidos a los multimillonarios para que saquen a ciertas personas de las redes sociales y eliminen sus cuentas. ¿Qué piensa de la forma en que esas organizaciones procesan, difunden y absorben información y nos cambiaron como pueblo, y a nuestra Sociedad?

NC: Tus palabras “procesan, difunden y absorben” son correctas. Pero no producen. La fuente de información sigue siendo los principales medios de comunicación, los corresponsales sobre el terreno, que a menudo realizan un trabajo excelente, valiente y muy valioso. Facebook y el resto pueden filtrar la información que obtienen de esas fuentes y presentarla de manera que gran parte del público encuentre más fácil de digerir. No creo que sea un desarrollo saludable, pero está sucediendo. Y eso significa apartar a gran parte de la población de mucho de lo que se discute, en burbujas, en las que reciben la información conducente a sus propios intereses y compromisos.

Si lees un periódico importante, digamos el New York Times, tiene una cierta franja de opinión. Estrecha, básicamente centrista respecto de la extrema derecha, pero al menos es un rango de opinión. Aquellos que son más adictos a las redes sociales tienden a recurrir directamente a lo que apoya sus propios puntos de vista para no escuchar otras cosas, eso no es algo bueno. Google, Facebook y el resto son instituciones comerciales. Sus miembros son básicamente anunciantes y les gustaría establecer el tipo de control sobre sus consumidores que sea beneficioso para su modelo de negocio, que les permite obtener publicidad. Eso tiene efectos distorsivos muy graves. Y sabemos que proporcionan información masiva que el sistema corporativo utiliza en sus propios esfuerzos para tratar de moldear y controlar el comportamiento y la opinión. El poder de estas grandes empresas privadas para dirigir a las personas, en determinada dirección es un problema grave, que requiere considerable reflexión y atención.

JS: En estas décadas de debatir estos temas y hacer campaña por los derechos humanos y contra las guerras de los Estados Unidos: ¿han cambiado las cosas? ¿Vale la pena pasar toda una vida haciendo lo que has hecho? Para los jóvenes que están escuchando.

NC: Creo que si miramos a lo largo de los años, podemos ver que ha habido logros considerables en el cambio de las actitudes del público con respecto a la agresión, los derechos humanos, los derechos civiles, etc. No me atribuyo el mérito por eso: hay mucha gente involucrada, muchos activistas, muchos de ellos jóvenes, pero los cambios son muy significativos.

Volvamos a la década de 1960. Kennedy intensificó la guerra en 1961 y ’62, cuando autorizó a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos a bombardear directamente las zonas rurales de Vietnam del Sur, autorizó el napalm, la guerra química para destruir los cultivos y el ganado, organizó programas masivos para recluir a gran parte del campesinado en campos de concentración, aldeas estratégicas, una gran escalada. ¿Cuál fue la reacción del público? Cero.

En aquel momento, para hablar sobre eso, lo haría en el living de alguna casa. No hubo protesta. De hecho, durante años fue difícil, o incluso imposible hacer reuniones públicas. En Boston, que es una ciudad liberal, las reuniones públicas se rompieron violentamente con el apoyo de la prensa, las iglesias fueron atacadas, etc.

De hecho, recién en 1967 se desarrolló una oposición a gran escala a la guerra, y en ese momento Vietnam del Sur prácticamente había sido destruida y la guerra se había ampliado el resto de Indochina. Finalmente hubo una reacción pública.

En la década de 1980, el gobierno de Reagan intentó duplicar lo que Kennedy había hecho a principios de los ’60. Casi paso a paso. Pretendía esencialmente invadir Centroamérica, el libro blanco para culpar a los comunistas, la enorme campaña de propaganda, etc. Fue casi instantáneamente abortada por la oposición popular.

Hubo tal oposición popular masiva de los grupos populares, de las iglesias y otros, que tuvieron que retroceder. Lo que sucedió fue bastante horrible, pero no fue Vietnam. Tuvieron que recurrir a otros estados como Taiwán, Israel, los neonazis argentinos para intentar llevar a cabo las atrocidades. Estados Unidos no pudo hacerlo directamente. Eso es muy significativo.

Vayamos a 2003, cuando Estados Unidos invadió Irak. El peor crimen de este siglo. Esa es la primera guerra en la historia del imperialismo contra la que hubo protestas masivas antes de que se iniciara oficialmente. Eso nunca había sucedido antes. Es común decir que la oposición fracasó, pero no estoy de acuerdo. Eso restringió el tipo de operaciones militares que Estados Unidos pudo llevar a cabo. También horrible, pero nada como Vietnam. Todos estos son indicios, y hay muchos otros, de cambios en las actitudes populares hacia la agresión, la intervención, las violaciones de los derechos humanos, etc., que marcan la diferencia. No han ido lo suficientemente lejos, pero hay una mejora considerable.

Fuente: elcohetealaluna.com / The Intercept.

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