Rumbo a una crisis

Una atenta lectura del tradicional Global Risks Report 2019 producido para ese evento evidencia un fuerte pesimismo de la comunidad de negocios reunida en la ciudad suiza y una serie de críticas despiadadas a la actual gobernanza global.

Por Roberto Lampa, Conicet.

El Foro Económico de Davos donde la crema del capitalismo mundial suele discutir sobre coyuntura y perspectivas económicas se caracterizó por algunas inesperadas rupturas con el pasado reciente. Una atenta lectura del tradicional Global Risks Report 2019 producido para ese evento evidencia un fuerte pesimismo de la comunidad de negocios reunida en la ciudad suiza y una serie de críticas despiadadas a la actual gobernanza global.

Ni los medios ni los funcionarios argentinos presentes en Davos se concentraron en las implicancias demoledoras de dicho informe. El foco estuvo puesto en la foto de los funcionarios en la nieve, destacando las bajas temperaturas de los Alpes suizos. Un análisis de ese documento revela información extremadamente útil para un país como Argentina, cuya decisiones económicas se han caracterizado por un nivel agotador de provincianismo global y deliberada ignorancia sobre la delicada coyuntura externa, durante los últimos tres años y medio.

La pregunta del Foro Económico de Davos es extremadamente clara y directa: ¿estamos marchando rumbo a una crisis? La respuesta es tangencialmente afirmativa. En primer lugar, la volatilidad financiera aumentó paulatinamente, representando un viento de frente para el crecimiento. Por otro lado, el endeudamiento, llegó al 225 por ciento del PIB a escala global. Sin embargo, en los países con un importante sector financiero trepó al 250 por ciento: dato extremadamente preocupante cuando se lo compara con el nivel crítico del 210 por ciento de 2008.

Además, la incertidumbre en los mercados financieros centrales ha impactado (y va a seguir impactando) con intensidad sobre los países emergentes que emiten deuda en dólares, como Argentina. A su vez, la crisis de algunos países periféricos ha actuado como ulterior desincentivo para las inversiones directas en dichos mercados. La creciente desigualdad, por su parte, opera como un freno sobre la cohesión y por ende el nivel de confianza de las sociedades desarrolladas, afectando el desempeño económico global.

Por lo tanto, los pronósticos de crecimiento se han visto afectados: los países desarrollados crecieron 2,4 por ciento en 2018, mejorarán 2,1 por ciento en 2019 y apenas 1,5 por ciento en 2022. China por su parte, pasará desde un 6,6 por ciento en 2018 a un 6,2 por ciento en 2019 para llegar a un 5,8 por ciento en 2022.

Sin embargo, los mayores riesgos que vislumbran los gurúes del Foro Económico de Davos no son de naturaleza económica sino política. El problema principal es la contradicción existente entre un riesgo sistémico global creciente y una política cada vez más miope y enfocada en sus conflictos domésticos (lucha a los enemigos “internos”) e internacionales (lucha a los enemigos “supranacionales”). Dicho de otra manera, las tensiones geopolíticas y geoeconómicas representan la principal amenaza para el 2019: la época de la “divergencia” está remplazando a la época de la globalización

En particular, aparecen tanto un mayor nivel de confrontación entre las grandes potencias como una creciente erosión de la efectividad de las reglas establecidas por los acuerdos internacionales. El enfrentamiento entre China y Estados Unidos amenaza con representar una redición de la Guerra Fría. Gran Bretaña y la Unión Europea parecen atrapados en un callejón sin salida representado por la Brexit. Por otro lado, la crisis de los migrantes sacude a la Unión Europea, impulsando el voto hacia los gobiernos xenofóbicos y racistas. América Latina es sacudida por los delirios aislacionistas del flamante presidente Bolsonaro y la amenaza de una guerra fratricida en Venezuela. En Asia, la cuestión coreana está lejos de llegar a una solución durable.

A pesar de dichas convulsiones, las economías siguen teniendo altísimos niveles de integración así que cualquier cambio regresivo de las relaciones políticas impacta inevitablemente en lo económico. En este sentido, es la política nacionalista la amenaza más fuerte sobre la economía. Un juicio compartible, si solo consideramos que el plan estratégico del Departamento de Comercio estadounidense destaca que “la seguridad económica es un tema de seguridad nacional”. Una definición que paradójicamente parafrasea a Lenin, cuando, observando las tensiones de las economías europeas de principio de siglo XX, afirmaba que “la política es economía concentrada”.

Construir una agenda de crecimiento y expansión de los derechos para América Latina en este mundo representa el problema más urgente para nuestras sociedades. ¿Sabrán nuestros dirigentes estar a la altura de semejante desafío?

Fuente: Página 12.