Sexualidad adolescente: entre la estimulación y la desinformación

La iniciación sexual. Lo que saben y lo que ignoran los adolescentes. Las fallas de la educación. El peligro en casa. Las diferencias según clases sociales. Informes y reflexiones sobre todo lo que sigue silenciado.


El único estudio conocido en el país enfocado en la iniciación sexual y anticoncepción en adolescentes varones, revela que un 41,6% de los casos encuestados –420 varones de 13 a 18 años de la Ciudad de Buenos Aires- tuvo su primera relación con prostitutas. Apenas 5 puntos menos que los que lo hicieron con novias o amigas. La investigación de la doctora Silvina Benchetrit, del Hospital Italiano, forma parte de un estudio más amplio del Hospital de Clínicas sobre sexualidad en adolescentes escolarizados.

El Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, otro de los más serios centros científicos del país, publica una revista de alta calidad en la que editó un informe sobre el aborto en el Instituto de Maternidad de Tucumán, con los siguientes resultados:

• La edad con mayor frecuencia de aborto es 16 años: 55%.
• Sólo el 20% cursa el secundario.
• El 58% son solteras.
• El 15% presentó embarazos previos.
• El 28% consultó al año siguiente, por estar embarazadas nuevamente.
• Sólo el 42% tenía certeza de la fecha de su última menstruación.
• El 96% no hizo consulta posterior al aborto en la institución donde fueron asistidas.

El Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, el Instituto de Maternidad de Tucumán, el Hospital Clínicas y el Hospital Italiano viven realidades diferentes, pero sus coincidencias son alarmantes.

La población que acude al Sardá proviene en un 60% del conurbano, sus profesionales la caracterizan como de “clase baja”, mientras que el Italiano es un hospital privado que tiene el filtro de la cobertura médica: clase media y media alta.

     15 AÑOS es la edad promedio de la primera relación sexual. Los datos confirman que no hay diferencias en la edad de inicio según la clase social.

Los profesionales de los servicios de adolescencia de ambos hospitales dicen tener una “carga asistencial alta”, lo que significa mucho trabajo, pero además la dificultad de tomar distancia de las urgencias, sistematizar informaciones y realizar estudios como los que aquí se consignan. Las últimas investigaciones publicadas sobre sexualidad adolescente datan del año 2000, 2006 y 2010, ya que el muestreo y la lectura de datos requiere un tiempo que lleva a emitir los informes con cierto delay, sin poder contar con las cifras actuales.

En esta nota, profesionales de distintos hospitales e investigadores de la sexualidad humana comparan las cifras halladas años atrás, presentan tendencias y adelantan estudios que analizan las modalidades sexuales de los adolescentes.

La primera vez

Todos los profesionales consultados confirman que el inicio de la vida sexual es cada vez más precoz: alrededor de los 15 años. “Pero el dato interesante” –cuenta Liliana Malisani, directora de Adolescencia del Hospital Materno Infantil Ramón Sardá- es que la pubertad también es más temprana. La media poblacional de las chicas es que menstrúan a los 12 años. Ha bajado la barrera biológica. Hay chicas de 9 años que están menstruando”. Un estudio realizado por Marcelo Della Mora, especialista en investigación científica de la sexualidad infanto junvenil, identifica lo mismo: “La edad promedio de la menarca es de 11.5 años”.

¿Por qué sucede esto? Della Mora responde: “Porque nuestra alimentación cambió en los últimos 20-25 años, se consume mucha comida chatarra básicamente, que combina grasas, sales y azúcares. Las hormonas responsables de la maduración sexual necesitan un medio graso y de esta forma tienen más medio graso antes de la maduración”. La doctora Liliana Malisani, del Sardá, también menciona factores alimenticios y agrega los ambientales. Como tercer factor que acelera estos procesos hormonales, ambos profesionales señalan un empujón impensado: los medios comerciales de comunicación y las redes sociales. Malisani: “También hay un proceso de movilización hormonal anticipado que tiene que ver con la erotización, con la exposición, provocación y estimulación permanente, que entra desde lo visual y va generando modificaciones hormonales”. La investigación de Della Mora, llamada Mitos, prejuicios, tabúes y falacias sobre la sexualidad en la población adolescente de la Ciudad de Buenos Aires, refiere: “El inicio temprano de las relaciones sexuales se relaciona también con el estilo de vida del mundo actual y con la mayor erotización de los medios masivos de comunicación”.

Conjugado con esto, otros dos datos transversales –siempre teniendo en cuenta la población que acude a los hospitales por estas consultas- suman un cóctel alarmante: la primera relación sexual ocurre, según el muestreo de Della Mora, en promedio, 1 ó 2 años después de la menstruación. Otro dato: “las adolescentes embarazadas contrajeron el embarazo aproximadamente un año después de haber empezado sus relaciones sexuales”.

     12 AÑOS es la edad promedio de la primera menstruación. Las causas que la aceleran: alimentación y la prédica erotizante de los medios.

Es decir: la pubertad y la iniciación sexual están cada vez más cercanas. “Hasta ahí podría decirse que está todo bien”, refiere el doctor Della Mora. “Lo que no está bien es que ese inicio sexual sea a partir de conductas sexuales riesgosas”. Estas serían las que derivan en los embarazos no deseados.

Estas variables son a la vez causa y efecto de las actuales modalidades sexuales de los adolescentes. Las resume Della Mora con las siguientes claves: “Inicio cada vez más precoz de la vida sexual; poco reconocimiento de los riesgos; las relaciones sexuales son imprevistas y ocurren en lugares y situaciones inapropiadas; experimentan continuos cambios de pareja; tienen poco conocimiento de la sexualidad; no se plantean el control del embarazo; demuestran escasa orientación y uso de anticonceptivos (el 35% de los varones piensa que el preservativo es incómodo y el 40% opina que interfiere en la sensación de placer durante una relación sexual); y poseen insuficiente información sobre las enfermedades de transmisión sexual y su prevención (el 30% de los varones no experimentó temor a contraer infecciones de transmisión sexual en el primer coito; en el caso de las mujeres, casi el 63% no sintió temor a contagiarse).

El estudio de Della Mora fue publicado en la Revista Latinoamericana de Ciencia Psicológica en mayo de 2013 y reporta datos de adolescentes de escuelas públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires, tanto del norte más acomodado como del sur más vulnerado. Sobre las diferencias en los modos de iniciación según los estratos sociales, Della Mora dice: “Era una hipótesis, pero los datos confirmaron que es similar el comportamiento de las clases en cuanto a la iniciación sexual”.

No se identifica en su trabajo una correlación directa con el estudio de la profesional del Italiano Silvina Benchetrit, que había detectado una alta cantidad (41%) de adolescentes que se iniciaban con prostitutas: “No es tanto como antes, o no circula como iniciación, pero sí circula en el imaginario colectivo para los chicos jóvenes y no tan jóvenes”.

¿Quién elige?

Actualmente, el equipo de adolescencia del Ramón Sardá se encuentra finalizando una serie de análisis de las historias clínicas de la población que atiende para trazar comparaciones y tendencias, cuyas primeras conclusiones adelantan en esta nota.

“Los comportamientos sexuales son muy cambiantes” aseguran, y se relacionan con “las conductas sociales de jóvenes y adultos en general”. ¿Qué caracteriza a la sexualidad adolescente hoy? “Han perdido la concepción de que la vida sexual es algo de la órbita íntima de las personas, no es pública. Esta exposición a tener una relación en un boliche, a generar un contacto al aire libre, con más de una persona, hace que se pierda la vinculación directa con lo placentero”. La doctora Malisani no lo dice por corrección moral sino por las propias inquietudes que aparecen en las consultas. “Sobre todo se ve en el caso de las mujeres, que responden en general a la necesidad del varón, pero muchas veces sin hacer una elección propia y voluntaria. Sin plantearse si desea tener una relación o no, o si es el momento oportuno. En esto sigue habiendo un dominio de la figura masculina”.

    41,6% de los varones de 13 a 18 años tuvieron su iniciación sexual con prostitutas. El dato surge de un estudio realizado en la Ciudad de Buenos Aires en el año 2000. No se conocen otros posteriores que registren este dato.

El estudio de la doctora Benchetrit, del Italiano, sistematiza esta sensación: “En relación a las motivaciones en la iniciación sexual, uno de las figuras es la del ‘impulsado’: es la modalidad masculina tradicional (41.2%), en la que la presión proviene no sólo de la necesidad física sino del grupo de pares y de la cultura machista. El ‘integrado’ busca unir la sexualidad con la afectividad y presenta mayor democratización de los roles (27%). El ‘ocasional’ está motivado por la provocación o insistencia del otro (31.8%)”.

Della Mora en su estudio encuentra un dato que lo confirma: “Los varones que no usaron anticonceptivos manifiestan en un porcentaje mayor -en comparación con las mujeres- que los motivos por los que mantuvieron la primera relación sexual fueron necesidad física y curiosidad. En tanto que las mujeres expresan que fue por influencia de amigos y por el noviazgo. La aceptación por parte de los pares jugaría un papel muy importante”.

En este punto, Della Mora equipara al varón: “No sólo la mujer debe poder decir ‘no’, sino también el varón cuando el grupo de pares lo empuja a ir de putas o a tener relaciones sin preservativo”.

En el 13° Congreso de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual se abordó este tema, entendido como un agente de socialización de los adolescentes en temas de salud sexual. Della Mora fue parte de la Comisión de Sexualidad Infantojuvenil y lo cuenta: “Hasta no hace mucho tiempo la familia era el primer grupo de socialización, la escuela después, y el tercer grupo eran las organizaciones del barrio: iglesia, agrupación scout, sociedad fomento, agrupación barrial. Los pares quedaban en último lugar”.

¿Y ahora? “Esto ha cambiado recientemente. La familia sigue siendo el primer agente de socialización, con todas las disrupciones que podés encontrar; pero el segundo son los medios de comunicación. El tercer agente son los pares. El cuarto es la escuela. Y quintas quedan las organizaciones barriales”. Della Mora señala, en particular, el desagarramiento de la escuela, frente a la irrupción de los medios masivos y los pares que ganaron terreno. Es también llamativa la diferencia que puede encontrarse entre escuelas con distintas características: el estudio de la doctora Benchetrit del Hospital Italiano describe que “quienes asistían a colegios religiosos estaban iniciados en una proporción menor (26.4%) que los que concurrían a escuelas públicas (61.3%) o privadas no religiosas (67.7%)”.

En el caso de los varones, tampoco los hospitales parecen lugares en los que despachar dudas: “Preocupa la poca llegada que tiene el varón a consultas de tipo sexual”, dice la doctora Silvia Fernández, del equipo de Adolescencia del Sardá. El estudio de Della Mora plantea que “el género define patrones de actividad sexual claramente diferenciados” y consigna una serie de informes que “reconocen y recomiendan la participación del hombre en la salud reproductiva, y enfatizan la necesidad de desarrollar proyectos de información y servicios vinculados a ellos”.

Las profesionales del Sardá dicen sobre el universo juvenil: “La consulta adolescente es difícil. Están en una edad en que quedan bastante rezagados: al niño lo acompañan los padres, el adulto va por sus propios medios, pero los adolescentes están en una zona incierta. Por eso hay que abordarlos desde modalidades que sean convocantes para ellos. Que encuentren algo que les resulte atractivo, que los identifique, les pertenezca. Eso puede permitir que haya una continuidad en la relación con una mirada desde la salud, y que puedan ir madurando su sexualidad”.

Sobre la educación sexual, Della Mora recomienda en su informe: “Es importante que, al facilitar la información que los adolescentes buscan, se tome como punto de partida el conocimiento que ellos mismos ya organizaron, para analizarlo, señalar las posibles contradicciones e incorporar los datos que no se habían considerado”.

    41,2% de los varones tiene su primera relación sexual “impulsado”. Es decir, presionado por el grupo de pares y por la cultura machista.

La ley y la trampa

En el año 2006 fue sancionada la ley que crea un Programa Nacional de Educación Sexual Integral y otorga el derecho a recibir ese tipo de enseñanza en los establecimientos educativos iniciales, primarios y secundarios. La obligación de garantizar estas acciones educativas se transfiere a los gobiernos jurisdiccionales.

Y ahi empiezan las fallas. Cuentan las profesionales del Sardá: “La educación sexual debiera llegar a todos los colegios, sin embargo muchos adolescentes no la tienen; a veces visualizan los temas dentro de las materias como Biología, pero no específicamente”. La doctora Fernández recuerda además que muchas de sus pacientes ni siquiera están escolarizadas: “Entonces la llegada debería ser también a través de comunidades o centros barriales”.

Della Mora: “La Ley de Educación Sexual integral no se cumple. Hay provincias que directamente han rechazado todo el material que mandó Nación. Y hay docentes que, cuando enseñan estos temas, parece que hablaran de sexualidad sin clítoris: el tema del placer no se menciona. ‘Esto se llama pene, esto chuchi’. Se plantea una genitalidad, pero no la sexualidad vinculada con el placer”.

Valeria Mulli, especialista en Adolescencia, del servicio de Pediatría del Hospital Italiano, se maneja en un univeso diferente: “La población de nuestro hospital accede a la escolaridad y recibe talleres de educación sexual justamente en el ámbito de la escuela”. Además, comenta que el propio equipo de Adolescencia del hospital organiza talleres de capacitación docente en escuelas primarias y secundarias.

El doctor Della Mora establece una distinción: “Información y formación no son lo mismo”. La doctora Malisani, del Sardá coincide: “Nos sobran folletos, nos sobra material para exponer. Pero no basta con eso. Los adolescentes conocen los métodos anticonceptivos: preservativos, píldoras; pero los usan mal o no los aplican. No se puede trabajar con ellos sólo desde la salud. La escolaridad tiene que establecer un concepto que brinde continuidad a a la educación sexual, una zona de conocimiento que se puede trabajar en talleres como cualquier otra materia”.

El trabajo de Della Mora, publicado en 2013, sistematiza esta diferencia entre saber y acceder a través de la encuesta: “El 90% declara haber recibido información sexual, sin embargo 1 de cada 4 manifiesta no haberla recibido de su núcleo paternal. El 59% no se animó a hacerles a sus padres preguntas sobre la sexualidad. Muchos de ellos manifiestan que la información sexual que reciben de sus padres, por lo general, les llega demasiado tarde, está llena de mitos y tabúes, es demasiado prohibitiva y no explora temas como la intimidad o el placer”. En otro de sus estudios, llamado Uso de métodos anticonceptivos e información sexual en relación con los antecedentes de aborto, detectó que “el hecho que las adolescentes hayan tenido acceso a la información sexual proveniente de su núcleo familiar, no implica que hayan utilizado método anticonceptivo”, e inclusive en otro grupo “se puede concluir que a mayor acceso a la comunicación sobre tema de la sexualidad con sus padres, menor utilización de anticonceptivos”.

El placer al poder

Según un estudio publicado en la revista del Hospital Ramón Sardá, en 2005 se produjeron allí 7.360 nacimientos, de los cuales 1.435 (19%) correspondieron a madres menores de 19 años. Si bien no existen datos actualizados, la doctora Silvia Fernández afirma que “el nivel de nacimientos adolescentes no se revierte desde el 2001, a pesar de los programas de educación sexual y otros esfuerzos”. Y cuentan que existe un ligero aumento de los embarazos en la adolescencia precoz y media, es decir antes de los 17 años.

¿Qué tipo de vinculación tienen las parejas de adolescentes, padres de estos bebés? Un extremo: “La vinculación es solamente genital. De pronto le decís ¿de qué trabaja tu pareja? Y no saben. A veces hasta desconocen a la pareja que tienen al lado, que es el papá de su hijo”.

Pese a que la población que se atiende en el Hospital Italiano es muy distinta, la doctora Mulli hace una lectura muy similar a la de su colega. “La cuestión del placer está por encima de lo relacional, de la emoción, del sentimiento. Antes, tomar la decisión del inicio conllevaba una serie de variables que hoy no son tan importantes. Es una minoría la que tiene como prioridad construir una relación para poder iniciarse sexualmente”.

Este concepto de genitalidad en vez de sexualidad hace parir nuevas modalidades en las relaciones: “Hay menos cuidados y más violencia física”, destacan las profesionales del Sardá, y señalan al alcohol y las drogas como condicionantes de estas sexualidades distorsionadas. La doctora Mulli explica que el servicio de pediatría incorporó una “mirada más amplia con respecto a la homosexualidad” y que entrevé otro síntoma que se arrastra de años: las dificultades intrafamiliares.

Malisani: “Cuando uno puede construir su sexualidad es cuando va entendiendo de qué se trata. Los adolescentes llegan a esa etapa bajo un concepto de genitalidad, que tiene que ver con lo que pudieron recibir como aprendizaje del tema sexual. Lo que nosotros intentamos siempre es poder hacerles entender esto para que la sexualidad resulte una elección para ellos, no una obligación. Y desde ahí, que puedan ir construyendo su sexualidad y su vida”.

     59% de los adolescentes no se animó a hacerles preguntas a sus padres sobre sexualidad. La información que reciben de la familia llega tarde y llena de mitos y tabúes.

Cuando sea grande

Otro problema: “la falta de proyectos de vida diferentes a ser papá y mamá”, cuenta la doctora Fernández, del Sardá. Quedan los estereotipos: “El hombre trabaja para proveer la comida, y la mujer asume el rol de progenitora”.

En otro estudio publicado en la revista del Sardá en 2006, Aborto en adolescentes menores de 16 años, que analiza las características sociales y demográficas de casos de embarazo terminado en aborto, se detalla: “Llama la atención el elevado porcentaje de adolescentes muy jóvenes que refiere vivir con su pareja, hecho frecuente en las poblaciones de escasos recursos, donde la búsqueda de contención y/o seguridad es vista como una salida ante la dificultad para conseguir logros personales”.

La doctora Liliana Malisani cuenta: “Nosotros las estimulamos mucho con metas a corto plazo, es lo que hay que poner en la cabeza en este grupo de población. Porque uno no puede pretender que vayan a la universidad. Estudios, talleres, capacitaciones, que les den autonomía y autoestima: saber que se puede hacer, que se puede crear”.

Aborto público o privado

La misma investigación revela que durante 2004 se registraron 12.811 embarazadas en el Instituto de Maternidad de Tucumán, de las cuales el 18% terminó en aborto. Este número no se presenta como representativo de toda la población: “Cuando el embarazo es no deseado desde el primer momento, la mujer no viene al hospital, porque este lugar tiene el sesgo de maternidad y de cuidado. A lo mejor viene a certificar si está embarazada, pero si no desea continuar su embarazo, lamentablemente no va a los centros de salud”, dice Fernández. El propio estudio reconoce que “la frecuencia de abortos hallada en nuestra institución (13%) es inferior a la observada en otras instituciones latinoamericanas, entre ellas Ecuador (19,34%), Cuba (24%) y ligeramente superior a la de Chile (10%)”.

Según las profesionales del Sardá “las adolescentes en general siguen con su embarazo, ya sea queriéndolo, o resignándose”. El estudio de Della Mora avala este síntoma de las clases vulnerables: “Un gran número de casos repiten la historia de sus madres y abuelas, que también dieron a luz siendo adolescentes jóvenes”.

En cambio, según relata la doctora Mulli, la población de otros sectores sociales, como la del Hospital Italiano, actúa de modo diferente: “En general ante un embarazo no oportuno o no buscado tienen más a mano la posibilidad de pedir una consejería o asesoría. En nuestra población son casi nulas las que tienen al bebé y lo dan en adopción, son pocas las que tienen embarazo y en general determinan la interrupción. Lo que hacemos es acompañarlas en ese proceso de toma de decisión, buscar a los adultos que las acompañen en ese proceso, y las vemos después”.

Las familias

¿Qué rol ocupa la familia en todo esto? “Uno no puede pretender que un adolescente conduzca su vida por sí mismo”, plantea la doctora Malisani. “Debe tener alguien que escuche, que acompañe, que estimule sus posibilidades, y su educación”.

Su colega Fernández sostiene: “Hemos tratado con adolescentes que han tenido grandes conflictos familiares y deciden apartarse de su hogar porque tienen claro que ahí mismo está el conflicto. Por la violencia, el abuso, el maltrato. Uno empieza a darle un valor a la palabra del adolescente que, muchas veces, es más coherente y perceptiva que el adulto”.

La contracara del Italiano: “Los papás en nuestra población están presentes, a veces más preocupados que ocupados, pero están. Pero no es una condición necesaria: no esperamos que vengan los padres para tratar con los adolescentes”.

Marcelo Della Mora alerta: “Tampoco están bien los papás-amigos”, en referencia a los que diluyen el rol paterno.

Abuso y violencia sexual

Según coinciden los profesionales tanto del Sardá como del Italiano, la familia pocas veces es un lugar de formación, y muchas es origen de conflictos: “La adolescencia temprana, de 10 a 14 años, muchas veces está asociada a la violencia sexual. Se suceden los casos en que las niñas fueron violadas por el tío, el hermano o el padrastro. En ese caso, el embarazo funciona como una protección para la joven, porque se visualiza una cosa que ocurría, y de la que nadie hablaba. A veces las madres le creen a su pareja y no a sus hijas”, dice la doctora Fernández.

Malisani: “Nosotras hacemos un interrogatorio cuando entra una consultante, y a veces tenemos que marcar las diferencias entre abuso y relación sexual. Porque hay una naturalización del abuso, como si fuera normal que ocurran estas cuestiones a nivel familiar. No perciben que su cuerpo debe ser respetado, que pueden establecer límites. Está muy naturalizado el avanzar sobre el cuerpo del otro y considerar que es algo que puede suceder: porque es un familiar, porque lo hace con supuesto cariño. Y cuando uno les empieza a explicar que eso no es normal, por ahí descubren que durante toda su vida fueron abusadas”.

En el Hospital Italiano, lo mismo: “El abuso es un dato que surge en la consulta con el adolescente; siempre preguntamos, y así surgen comentarios de abusos que por ahí nunca se habían hablado y ocurren desde mucho tiempo antes”.

Marcelo Della Mora: “No es el sátiro del sobretodo que te agarra en la esquina. Hoy el tema es en la casa. Es el tío, el padre, el hermano. Esto preocupa muchísimo. Si le sumamos que no se educa, que los pibes no conocen sus derechos, los de su propio cuerpo, es un combo preocupante”.

Cartografía

Sobre los recursos para contener estas situaciones, el equipo de Adolescencia del Sardá cuenta con dos ginecólogas, dos pediatras, trabajadora social, psicóloga y nutricionista, con el afán de hacer un trabajo interdisciplinario que acompañe a la adolescente más allá del parto.

Por ejemplo, el trabajador social se encarga de generar las condiciones para conseguir un plan por embarazo o por hijo, y allí surge un problema juridiccional: “La dificultad que tenemos es que hay una diferencia entre los organismos en Capital tanto a nivel educativo como social, y los de la Provincia.

En Capital hay más sistemas de protección y conocimiento de los derechos de los adolescentes. Escuelas con guarderías, se facilita la educación de padres adolescentes. En la Provincia es más difícil. La respuesta de una escuela ante estas situaciones es: que traiga un certificado y deje de venir. En realidad, es el momento en que más tendría que estar con sus pares, en que más habría que estimular sus proyectos. La escuela es el mejor anticonceptivo”.

En el Sardá los profesionales de la salud pueden lograr muchas cosas, pero no llegar al fondo de los problemas: “Las dificultades socioeconómicas de la gente no cambian, por más equipo interdisciplinario que tengamos. Y es lo que nos frustra. Sabemos que el o la adolescente va a tener las mismas dificultades que tuvo siempre, porque uno no le puede asegurar el acompañamiento o la solución de sus problemas. Acá estamos atrás de varias cosas: si van al colegio, si se pueden incorporar a algo que los ayude, si reciben el plan. Pero eso finaliza. No nos desgasta tanto el trabajo médico como el trabajo social, sobre todo cuando sentimos que lo que podemos ofrecer no alcanza para resolver sus necesidades después de la adolescencia”.

Para más información, en Facebook: Adolescencia Sardá.

Fuente: Periódico Mu. Lavaca. Octubre 2014. Número 81.

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